Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o fuere llevado sin verlo nadie; juramento de Jehová habrá entre ambos, de que no metió su mano a los bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el otro no pagará. (Ex 22:10-11)

Estamos en un callejón sin salida. Al igual que con la ley sobre la esposa acusada de adulterio por su marido, hay casos en que no hay evidencia o testigo que pueda confirmar los cargos. En este tipo de situación, nadie puede pronunciar un veredicto justo, puede ser juez o rey.

,interviene para juzgar al culpable en tal caso. El Señor defiende a los inocentes יהוה desenmascara calumniadores y calma los corazones de quienes tienen sospechas. También compensa a la parte que haya sufrido daños en la medida en que hizo buen uso de los bienes que le fueron confiados.

Algunas veces somos acusados tanto en el mundo como en círculos de creyentes. Algo occure y todo sugiere que tú eres el culpable. A veces en casos extremos, les darías casi lo correcto para que las pistas parezcan llevar a ti. En este tipo de situación, es inútil buscar causas, evidencia o caer en discusiones interminables. Debemos ir ante el Señor para que Él te exonere ante los otros. Quizás no estés entre ellos por mucho tiempo y possible que muchos años han pasado desde entonces, pero si eres inocente, serás rehabilitado, compensado y tu honor saldrá purificado. Si tus detractores, que sean creyentes, se nieguen a ir contigo al Todopoderoso, hazlo solo, no tienes otra opción. La ley será efectiva de toda manera y la sentencia se pronunciará tarde o temprano.

Mas si le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño. Y si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará lo arrebatado. (Ex 22:12-13)

Se puede evitar el robo. Tomando algunas precauciones, con un poco de atención podemos evitar que nos roben nuestra propiedad y la de los otros.
En el caso de los depredadores que devoran los animales que nos han sido confiados, la situación es bastante diferente. De hecho, el depredador también pone en riesgo nuestra propia vida. Oponer o intentar confrontarlo sería demasiado arriesgado y podría llevar a nuestra muerte o mutilación. Podemos clasificar en esta categoría el caso del ladrón armado que no se detende ante el asesinato para obtener el codiciado botín. Estos no huirán de nuestra mera presencia. La vida humana prevalece. En estos casos, el acusado no será responsable por el mal hecho.

El Señor nos ha confiado tiempo. El tiempo de nuestro ministerio puede ser robado por muchas cosas. La mayoría de las veces somos los secuestradores principales de nuestro tiempo, cuando lo usamos ilegítimamente para propósitos que no son los del Señor. También en estos casos, debemos pagar los costos de nuestro descuido y sufrir las consecuencias. En este caso, el propietario es aquel a quien deberíamos haberle traído el Evangelio, así como al Señor mismo cuya Palabra no fue promulgada en el momento y en el lugar acordados. En tal caso, sufrimos en nosotros mismos las consecuencias espirituales de nuestras faltas. Nuestra visión disminuye, nuestra relación con el Señor pierde su intensidad, nuestro tiempo huye y los frutos no maduran.

A veces, un ataque espiritual es la causa de mi debilitamiento y, por lo tanto, la desaceleración de mi ministerio. Este caso cae en la categoría del animal desgarrado por el depredador. Mi ministerio y mi tiempo están desgarrados por un depredador espiritual. Así que no soy responsable, sino también una víctima.

Zeev Shlomo

24/01/2014