El rescate

Habló también Jehová a Moisés, diciendo: Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado. Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones, y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión; y será por memorial a los hijos de Israel delante de Jehová, para hacer expiación por vuestras personas. (Exodo 30:11-16)

Los pilares del Tabernáculo tienen una base de plata. El Cuerpo de Cristo descansa sobre el fundamento de la salvación, de modo que todos los ministerios del sumo sacerdote van a quienes pagaron su rescate en plata.
Los hombres mayores de veinte años tuvieron que poner esta suma en el altar del Señor para financiar la construcción de el Tabernáculo. Era una suma universal, los ricos no podían dar más y los pobres no podían pagar menos. Todos poseíamos al menos esta cantidad de dinero, el símbolo de nosotros mismos, nuestra persona que hemos recibido de arriba de forma gratuita y que es necesario volver a poner en el altar para que funcione correctamente.

Este acto simbólico no es más que el prototipo del arrepentimiento, cuando uno toma la decisión de volver al Eterno para que nuestra vida y nuestro destino ya no estén en nuestras manos, sino en las del Señor. Nos ponemos en el Altar para que comience una nueva vida en nosotros.

ZeevShlomo/RichardSipos

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