Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.

Deuteronomio 18:9-11

En el fondo, ¿cuál podría ser el fenómeno que interfiere hoy en una familia cristiana y que lleva a los padres sin saberlo a pasar por el fuego a sus hijos, a empujarlos hacia los adivinos, los hechiceros, los astrólogos, los magos y cualquier otra forma de ocultismo moderno?

La respuesta, en pocas palabras, es nuestra indulgencia: “¿No es bastante difícil para un niño cristiano tener que vivir entre los niños del mundo? ¿No podría también tener un teléfono inteligente, usar Internet, jugar juegos estúpidos y violentos, ver todo tipo de dibujos animados y otras películas ocultas y estúpidas como sus camaradas? »

Mis propios hijos han salido de una sala de guardia en una iglesia cristiana durante el culto, diciendo que no quieren quedarse allí porque todos están jugando con sus teléfonos y eso no les interesa. Un poco de rigor y perseverancia hicieron que mis hijos nunca desarrollaran una atracción hacia las diferentes formas de aberraciones de nuestro mundo contemporáneo. Siempre y cuando los padres sean guiados desde dentro por el Espíritu de Cristo y no prohíban estas cosas de manera automática y religiosa aplicando la ley al pie de la letra. Además, también es útil de vez en cuando mostrar a nuestros hijos lo que se están “perdiendo”. En otras palabras, darles un pequeño vistazo de lo que están privados para que ellos mismos se den cuenta de que en realidad no les falta nada, al contrario. Pero antes hay que ofrecerles siempre alternativas mucho más sustanciosas y constructivas: buenos programas de televisión, buenos dibujos animados y sobre todo explicarles el Evangelio desde pequeños. En lugar de tener un televisor, basta una computadora, desde la cual se puede elegir lo que quieremos ver con ellos. Si necesitan absolutamente un teléfono para poder comunicarse con ellos, los modelos tradicionales sin pantallas táctiles e Internet todavía están disponibles en el mercado y también son más baratos.

Para los cristianos que poco o nada prohíben a sus hijos, el resultado es que estos, aunque conocen a Jesús, acaban encontrándose en un estado espiritual mucho más enfermizo que sus compañeros del mundo. Estos últimos, de hecho, no tienen un contraejemplo para lo que hacen, por lo que les parece natural atiborrarse de estas cosas. El niño cristiano, en cambio, siente que hay una contradicción y sufre remordimientos dondé surge un profundo problema de conciencia, a consecuencia del cual, los niños cristianos son presa de diversas posesiones demoníacas, depresión, autolesiones y otras enfermedad mental.

Por esta forma de indulgencia, muchos cristianos pasan a sus hijos por el fuego sin darse cuenta y se asombran después de que las fuerzas del mal los consuman.

La escuela es también un ambiente profundamente contagioso, donde un niño sólo puede permanecer puro de lo que allí sucede bajo la condición de estar bajo la protección y guía del Espíritu Santo a través de sus padres. Sería bueno ver más escuelas cristianas de fe renovada y viva, o al menos tener más oportunidades de enseñar a nuestros hijos en casa con programas específicos. Hasta ahora este tipo de idea puede haber parecido bastante fundamentalista, pero miren a nuestro alrededor, el mundo se está deteriorando a tal ritmo que hoy se ha convertido en una necesidad.

El problema podría resolverse si la estructura de nuestras comunidades, así como su funcionamiento, fueran perfectamente idénticas a las descritas en los Hechos de los Apóstoles. Si todos nuestros bienes fueran comunes, estaríamos cerca unos de otros y la educación de nuestros hijos podría hacerse dentro de la comunidad si misma.

Ver también: Prohibición de consumir la carne del animal apedreado

RichardSipos/Z.Shlomo/2022/9/4

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